El retrovisor

«Hill ha vuelto»

“Hill’s back”, así titulaba  un periódico sudafricano aquel sábado 7 de marzo de 1970  (en los países del ámbito del Reino Unido los grandes premios se corrían el sábado pues el domingo era el día reservado al Señor), al pie de una gran foto de una caja de herramientas  azul noche, los famosos colores del  Rob Walker Racing Team, uno de los más legendarios equipos privados en la historia de la Fórmula 1. Exceptuando un gran tipo, con larga melena y un característico bigote muy británico, concentrado en su Lotus 49C, nadie sabe el verdadero alcance que hay en esa frase: se llama  Graham Hill.

En realidad esta historia había empezado cinco meses antes, un 5 de octubre en el circuito de Watkins Glen, escenario del Gran Premio de USA. Graham Hill había sido campeón del mundo en la difícil temporada de 1968 para el equipo Lotus (fue el año en que se mató el gran Jim Clark). Pero en la de 1969 tan solo la victoria le había sonreído en su querido Mónaco, su quinta en el mítico trazado urbano (no en vano le llamaban “Mister Mónaco”). En Watkins Glen es la décima y penúltima cita del calendario del mundial. A unas veinte vueltas del final, su Lotus 49 B por culpa de un pinchazo, se estrella  contra el talud y salta por el aire desintegrándose. Hill, que  no llevaba atado el cinturón pues había tenido que empujar el coche tras un trompo,  sale despedido. Estaba vivo, un milagro, pero con las piernas destrozadas. Muchos pensaron que si bien Hill, que entonces tenía ya cuarenta años, había sobrevivido, aquel accidente suponía el final del piloto que portaba en el casco los colores de su club de remo, el London Rowing Club. Tobillos rotos, múltiples fracturas, complicaciones hospitalarias parecen confirmar esos malos augurios. Pero Graham Hill le promete  a su esposa Bette que, en unas semanas, la  llevará a bailar.

En Sudáfrica los mecánicos de Rob Walker tienen que ayudarle a subir a su habitación en el famoso Kyalami Ranch, el hotel junto al circuito  de Kyalami donde se alojan los pilotos. Y también tendrán que ayudarle a meterse en el cockpit del Lotus. Rob Walker habla con un desconocido para la gente del ambiente de la F1: es el médico del University College de Londres encargado de la rehabilitación de Hill que, asombrado por la fuerza de voluntad de su paciente, ha acudido a verle correr.

El motor Cosworth arranca, las vibraciones hacen sufrir aún más a Hill pero su pensamiento, sus ojos su ser solo está concentrado en un objetivo, volver a pilotar.

Nota:

Este artículo estaba preparado para publicarse el 14 de marzo, víspera del primer Gran Premio  de la sería la más larga temporada de la historia de la Fórmula 1, con 22 carreras. Un año histórico, por otra parte,  para la disciplina pues se cumplían los setenta años del nacimiento de la misma. El Covid-19 ha terminado con la vida de muchos seres humanos y, eso, es sin duda el gran drama. Frente a ello, el resto no deja de ser accesorio.

Pero la vida sigue, con cambios, pero sigue. Y entre estos cambios están los del calendario de la F1. La máxima disciplina del automovilismo ha debido variar su calendario y así la primera cita es este domingo 5 de julio en Austria, la cuna de Jochen Rindt, campeón póstumo hace cincuenta años.

Muchas cosas han cambiado y, entre ellas, la continuidad de mi encuentro con los lectores de El Norte de Castilla con la serie de historias de Fórmula 1 que se publicaban desde hace varias temporadas coincidiendo con cada gran premio, y que este año no tendrá lugar.

Pero no he  querido faltar al retorno, pues hoy más que nunca el titular de “Hill ha vuelto” adquiere el más profundo de los significados.

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