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GMA T.50: el coche del genial Gordon Murray

Llegó a Inglaterra desde su Sudáfrica natal con el objetivo de trabajar en Lotus pero una tarde de 1970 fue a la sede de Brabham  pues Ron Tauranac estaba haciendo entrevistas para coger a un delineante. Ecclestone compró el equipo en 1971 y Murray se convirtió en diseñador jefe del mismo en 1972, y en uno de los grandes ingenieros de la historia de la Fórmula 1.

Tras  18 años en  Brabham (de donde se marchó tras una discusión con Ecclestone en el aparcamiento de la fábrica) se incorporó a McLaren como director técnico del equipo de F1. A finales de los 90, deseoso de afrontar nuevos retos, tomó el control de la entidad “McLaren Automotive” con el objetivo de desarrollar un GT de carretera. En 1992, presentó así el  McLaren F1, un deportivo de tres plazas propulsado por un V12 de 627 CV.

Una imbatible relación peso/potencia

Ahora  Gordon Murra celebra sus 50 años de carrera concibiendo un superdeportivo de tres plazas impulsado por un motor atmosférico V12 con una cilindrada de 3.9 litros y  663 CV de potencia  ¿Nada excepcional?  No se adelanten que aún no hemos llegado a un par de detalles como el régimen máximo de giro o la relación peso/potencia. Veamos.

De entrada esta mecánica es capaz de superar las  12.000 rpm, cifra récord para un automóvil de carretera. Y por otra parte el coche de Murray gracias a  su estructura de carbono, bielas de titanio, ventanillas reducidas, caja de cambios manual ligera (80,5 kg) o los 178 kg del motor, solo pesa 986 kg (957 kg en  vacío). Es decir que pesa  un tercio menos que sus futuros competidores. Así la relación de 672 CV por 1000 kilos de peso hace palidecer de envidia a los 524 CV por tonelada del  Ferrari 812 Superfast (800 CV) o los 505 CV por tonelada del Lamborghini  Aventador SVJ (770 CV) en total.

Y por si fuera poco, Gordon Murray Automotive (la marca de Murray)  incluso propone llevar esta relación más allá de los 700 CV / tonelada  gracias al modo «V-Max Boost». Este permite que la potencia del motor se incremente puntualmente  hasta alcanzar los 700 CV. El par motor es de 467 Nm a 9.000 rpm.

No se puede entender este coche sin echar un vistazo  25 años atrás, a “su”  McLaren F1. Las líneas del T.50 son mucho más fluidas y refinadas que las del McLaren. Pero las proporciones son casi las mismas. Mide 4,35 m de largo, 1,85 m de ancho y 1,16 m de alto (4,28 mx 1,82 x 1,14 m para el McLaren F1). La huella del T.50 es comparable a la de un Porsche Boxster.

Un ventilador al estilo del Brabham BT46

La aerodinámica del T.50 se ha optimizado especialmente. Los más observadores habrán notado la presencia de una entrada de aire en el techo (como el McLaren F1), un elemento en forma de turbina integrado sobre el difusor. No es solo un elemento de estilo, esta pieza tiene una función real. Al igual que en el famoso Brabham BT46 “aspirador” de Fórmula 1 con el que Lauda ganó el Gran Premio de Suecia de 1978,  diseñado por Murray , este ventilador tiene como objetivo aumentar el efecto suelo (aunque en el Brabham se intentó convencer a los comisarios de que se trataba de un sistema de refrigeración, no para incrementar la adherencia al suelo). Ahora GMA habla de un aumento de la carga aerodinámica del 50% y una reducción de la resistencia aerodinámica del 12,5%.

Al igual que su antepasado el McLaren F1, el acceso a bordo se realiza a través de puertas que se abren en modo elytron. El habitáculo tiene tres plazas en posición triangular, con la del conductor en el centro.

El Gordon Murray Automotive T.50 solo está disponible para cien afortunados en todos los sentidos (su precio es de 2,36 millones de libras…sin impuestos).

 “Desde el primer toque del acelerador hasta el V12 que ruge a las 12.100 rpm, la experiencia del conductor superará a cualquier superdeportivo jamás construido. Ningún otro automóvil de carretera puede ofrecer el conjunto de potencia, capacidad de respuesta instantánea y retroalimentación del conductor de una manera tan directa y centrada mientras se mantiene cómodo, refinado y utilizable todos los días «.

Palabra de Gordon Murray, palabra de un genio.

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