Pruebas y novedades

Al volante del Hyundai Santa Fe

Cuando miramos la trayectoria del Santa Fe, vemos  su importancia dentro de Hyundai. Lanzada en 2001 la primera generación, se puede decir que es uno de los pioneros del segmento SUV, hoy  tan de moda entre los usuarios y de feroz competencia entre los fabricantes.

Diecinueve años y cuatrocientas mil ventas más tarde, tenemos aquí el nuevo Santa Fe, la cuarta generación Y ¿cuáles son sus virtudes para luchar en este segmento donde la oferta es tan buena y abundante? Bien, pues ese es el objeto de nuestra prueba.

Exteriormente

Los avances tecnológicos de los últimos años, ente ellos los faros led, han permitido a los diseñadores cambiar de forma notable la estética de los automóviles. Esto se ve  claramente comparando el Santa Fe actual, un diseño más radical con aristas salientes y líneas tensas, frente al  anterior, con más redondeces y sin relieves. Como en el caso de otros fabricantes, Hyundai ha optado por proyectores delanteros en dos niveles: en la parte superior las luces diurnas led y en el inferior, también en led, las luces de carretera. La parrilla, más grande que la de la anterior generación, le da también una mayor presencia. Visto de perfil, sus formas son muy actuales y con una línea de cintura alta.

El interior (con mucha amplitud) es clásico, una garantía para que no se quede anticuado con el paso del tiempo. La consola central tiene un tamaño considerable. En la parte superior de la misma tenemos los controles de confort y en la inferior los de conducción. Se ha optado acertadamente por separar los controles de climatización, que van en un módulo aparte, de otras funciones controladas desde la pantalla táctil central.

Un cuero en dos tonos cubre el conjunto de los asientos,  una gran parte del salpicadero y la parte inferior de las puertas y de la consola central. Es de buena factura al igual que los plásticos que lo acompañan. La impresión global de calidad es buena, con ningún elemento mal acabado o que no resulte agradable al uso. Los asientos delanteros son anchos y más que sujetar el cuerpo (como unos de tipo deportivo), están orientados al confort. Los reglajes eléctricos nos permiten encontrar sin ningún problema una posición de conducción o de viaje óptima. Tras realizar recorridos de 700 kilómetros de un tirón, en ningún momento hemos tenido sensación de incomodidad.

La información de la instrumentación, digital, se ve perfectamente. Y cambia de aspecto según el modo de conducción elegido. En algunas versiones, como es el caso de la probada, tenemos información Head-up display, es decir, proyectada en el parabrisas y no sobre una lámina de plástico: se ven bien las informaciones y nos evita quitar la vista de la carretera.

La posición de la pantalla de  ocho pulgadas puede parecer a algunos usuarios que está poco integrada en el diseño, que parece un añadido. Pero a otros, a mi particularmente, el hecho de estar situada en una posición elevada me parece mucho más practico pues reduce el tiempo que quitamos la vista de la carretera. Esta pantalla táctil tiene una buena reactividad y se maneja con facilidad tanto la navegación como otras funciones.

Recordemos que el Santa Fe es un siete plazas por lo que, tras las dos delanteras, tenemos dos filas de asientos. La segunda fila, para tres ocupantes, ofrece un buen nivel de comodidad, próximo al de las plazas delanteras, con más espacio para las piernas que en la generación anterior. La tercera fila, para dos ocupantes, es  más limitada en cuanto a espacio para las piernas (si bien se ha mejorado en anchura frente a la generación anterior) y se orienta más para niños o adultos de poca estatura si hablamos de hacer un viaje largo. Por cierto que el acceso a esta tercera fila se ha mejorado en la nueva generación del Santa Fe respecto a la anterior.

En cuanto al maletero, con 547 litros (con los dos asientos de la tercera fila ocultos en el suelo) está en una buena posición dentro de su segmento. Abatida la segunda fila, tenemos  1625 litros. El umbral de carga es algo alto.

En el capítulo de motores hay disponibles dos diésel (2.0 CRDi 150 CV y 2.2 CRDi 200 CV) y un gasolina (2.4 GDi 185 CV). En el caso de nuestra versión de pruebas era el diésel de 200 CV de potencia  asociado al nuevo cambio  automático de ocho relaciones y tracción integral 4WD HTRAC. Este sistema  HTRAC permite un reparto asimétrico del par en cada rueda, tomando en consideración la adherencia de los neumáticos y la velocidad del vehículo. Gestiona también la potencia de frenada de las ruedas delanteras.

El  2.2 litres CRDi desarrolla una potencia de 200 CV a 3800 rpm, y un par máximo de 440 Nm disponible entre 1.750 y 2.750 rpm. Con un peso para mover de 2 toneladas, el dinamismo de este motor no es fulgurante pero las aceleraciones y recuperaciones son correctas. Destaca sobre todo por su suavidad y un sonido muy contenido.

 A nivel de consumo, a lo largo de una semana de pruebas el gasto medio a los 100 kilómetros ha estado en 7.9 litros. Esta cifra se reduce en autopista con una media de 6,4 litros mientras que sube a 9 litros en uso urbano donde las continuas paradas y arrancadas cobran su tributo. Son valores que pueden parecer no brillantes pero si tenemos en cuenta el tipo de vehículo y su peso, podemos decir que son ajustados.

Al volante no vamos a encontrar un SUV dinámico, con carácter deportivo. Su planteamiento es más bien familiar, para hacer kilómetros de forma confortable. Hay dos factores que contribuyen a esto. Por un lado el carácter suave y progresivo del motor, que sin pegarnos al respaldo del asiento, acelera eficazmente.  En segundo lugar una dirección que puede ser acusada de poco comunicativa pero, a cambio, filtra todas las asperezas del asfalto, y resulta ligeramente dura lo que para muchos usuarios trasmite tranquilidad. Por cierto, hablando de dirección, el radio de giro es increíble y se puede maniobrar en espacios impensables a la vista de los 4,77 metros de longitud del Santa Fe. En ciudad este Hyundai se mueve sin problema pero para disfrutar de verdad, ya saben: viajes largos en familia.

 Tiene muchas ayudas a la conducción, algunas bastante intrusivas para mi gusto (algo que se bastante común entre los grandes SUV de diferentes marcas) y con un control de velocidad que detecta enseguida al vehículo que nos precede y tarda un poco en recuperar la velocidad. Pero es innegable que en Hyundai el tema de la seguridad se toma muy en serio y el Santa Fe es modélico en este campo.

Seguridad al máximo nivel

Así cuenta con un conjunto de dispositivos como el sistema de alerta de pasajeros en las plazas posteriores (Rear Occupant Alert) que  supervisa los asientos traseros para detectar cuándo los pasajeros abandonan el vehículo sin conocimiento del conductor. También cuenta con él Asistente de Prevención de Colisión pro Tráfico Cruzado Trasero (Rear Cross-Traffic Collision Avoidance Assist). Cuando el vehículo circula marcha atrás en una zona de baja visibilidad, el sistema avisa al conductor de si un peligro se acerca desde uno de los laterales,  y también actúa sobre los frenos para evitar la colisión. Por su parte, el Asistente de Salida Segura (Safety Exit Assist) previene accidentes cuando un vehículo se aproxima desde la parte trasera. ¿Y cómo lo hace? Bloqueando temporalmente las puertas antes de ser abiertas, permitiendo una salida segura del automóvil cuando el peligro ha pasado.

La seguridad pasiva ha sido también mejorada. Se ha conseguido al incrementar la rigidez del bastidor para proteger a los ocupantes frente a una eventual colisión. Gracias al estampado en caliente que se aplica sobre un área ampliada y a unos diámetros de soldadura más grandes, el peso total del automóvil se reduce a la vez que proporciona un alto nivel de resistencia al choque. El resistente y ligero chasis mejora las prestaciones dinámicas y la seguridad de los pasajeros al emplear un 57% más de acero de alta resistencia. Se trata de la mayor proporción de este tipo utilizada hasta ahora en un vehículo de la marca Hyundai.

Balance

El Santa Fe de la actual generación nos ofrece todo lo que debemos esperar de un SUV familiar: confort, espacio y modularidad. Para algunos no será un modelo muy seductor , le pueden acusar de falta de carácter, de ser un modelo muy neutro, que no apasione en cuanto a sensaciones al volante. Para otros la seguridad, el confort, la tranquilidad que trasmite a su volante es un valor que no tiene precio. Y hablando de precio, una buena relación entre lo que pagamos y lo que recibimos innegable, es otra de las claves para decidirse por este modelo. Un formidable compañero de viaje, capaz de moverse con total seguridad por cualquier terreno o tipo de carretera, en un habitáculo que hace sentirse bien.

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