El retrovisor

Bugatti Baby, el sueño de un niño del año 1927

Nada en Bugatti es indiferente, nada es medible con instrumentos convencionales. La firma de Molsheim es una historia única donde lo industrial se confunde con la creación artística, donde la sublimación de la estética, de la sensibilidad, comparte espacio con la rudeza de la competición. Misterio, grandeza, decadencia, drama, triunfo, fracaso, renacimiento, sueños irrealizables hechos realidad… Sueños de reyes, de magnates, de adultos y también sueños de niños que ese, y no otro, es el corazón de la historia en la que nos vamos a sumergir: el Bugatti Baby.

El punto de partida

Estamos en el año 1926. Hace dos años que ha nacido uno de los iconos de Bugatti y de la historia del automóvil, el Type 35, que triunfa en los circuitos gracias a su combinación de peso ligero y una técnica muy avanzada para la época.  No era solo un coche de carreras. Fue una obra maestra, desde sus llantas de aluminio (una primicia en la época) hasta el motor, un 8 cilindro, de 2 litros en su versión inicial. Este propulsor contaba con un cigüeñal sostenido por dos rodamientos de rodillos y tres rodamientos de bolas, que se considera una hazaña de ingeniería aún hoy día. Podría funcionar a regímenes de giro de hasta 6.000 rpm: en ese momento era uno de los únicos motores en alcanzar semejante número de revoluciones. Gracias a otros cambios, como el uso de dos carburadores en lugar de uno, la potencia subía a cerca de 95 CV. Las primeras versiones del Type 35 podían alcanzar velocidades de 190 km / h. El modelo básico menos costoso, el 35A, contaba con un motor de ocho cilindros y 2.0 litros con 75 CV. En su versión posterior, el Tipo 35 B (el motor ocho cilindros de 2.3 litros estaba sobrealimentado con un compresor Roots), la potencia aumentó hasta 140 CV y ​​superaba los 215 km / h. Además de su increíble rendimiento, los motores eran reconocidos por su fiabilidad y resistencia.

Un regalo para Roland

Un sueño para los mayores ¿y para los niños? Pensando en su hijo pequeño, Roland, Ettore Bugatti pide a sus ingenieros que realicen el Baby. Se trata de una exacta réplica del 35 a escala ½. Construido con el cuidado y el rigor que caracteriza a sus hermanos mayores, el Baby cuenta con un verdadero chasis en acero, vestido con una carrocería en aluminio. Y equipado con la réplica de las características llantas en aluminio del 35, calzadas con neumáticos desarrollados de forma específica por Dunlop, los Cord “type Juvenile”. Para el motor se había pensado en uno de gasolina, pero se desechó por demasiado ruidoso y peligroso. En su lugar se opta por un eléctrico Paris-Rhone, alimentado por una batería de 12 voltios y capaz de llevar al pequeño automóvil hasta 15 o 18 km/h en función de la carga. En el salpicadero hay un amperímetro de carga y un inversor de marcha, para ir adelante o atrás. El acelerador de pie controla un reóstato de varias posiciones.

Tiene frenos en las cuatro ruedas, de tambor, réplica de los del 35. Se accionan mediante una palanca exterior semejante a la del freno de mano del modelo original.

Y Roland recibe, en su cuarto cumpleaños, este magnífico regalo de manos de su padre Ettore y de su hermano mayor Jean.

Presentado en el Salón de Turín de 1927, este Bugatti infantil causa un enorme impacto y Ettore decide la fabricación de una pequeña serie, pensada tanto para vender como también para regalar a clientes fieles a la marca con destino a sus hijos, como es el caso del Rey de Bélgica o del de Marruecos.

El coche estaba originalmente pensado, con una distancia entre ejes de 1,22 metros, para niños entre cuatro y siete años. Pronto se dieron cuenta que era un poco justo para edades superiores. Así, tras unas pocas unidades, se concibe una nueva versión de batalla más larga (1,32 metros). Exteriormente se identifica fácilmente por un capó más largo, para que entren las piernas de los niños más altos, detalle que rompe un poco las proporciones equilibradas del modelo original.

Y con el coche se proporcionaba un mono de piloto de la época, con la talla del afortunado niño. Y “afortunado” padre pues el Bugatti Baby se vendía por 5000 francos franceses de entonces. Sin duda un precio alto: la cuarta parte de lo que costaba un Citroën B14.

Curiosidades

Y, algunas curiosidades relacionadas con este pequeño automóvil. La herencia del Type 35 llegó más lejos que la simple réplica física y así, a imagen de su hermano mayor que triunfaba en los circuitos en manos de pilotos tanto de fábrica como privados (fue un clásico entre los “gentleman drivers”), los más pequeños podían participar en carreras organizadas especialmente para sus Baby.

Un parque de atracciones de Sao Paulo (Brasil) adquirió una veintena de unidades, y el zoo de Buenos Aires encargó otras veintitrés unidades. Hablando de cifras, si bien en algunos sitios se citan noventa ejemplares, en realidad se fabricaron, hasta el año 1930, un total de quinientos ejemplares de este Bugatti para los más pequeños, al que en algunos casos se le denomina Type 52, pero en realidad la publicidad de la época habla de Bugatti Baby.

Y una última curiosidad: en el álbum “Tintín, en el país del oro negro”, editado en 1939, Hergé “sube” a Abdallah, el hijo del emir Mohammed Ben Kalish Ezab, en un Bugatti Baby.

Y casi un siglo después

Las unidades que han sobrevivido se cotizan a precios elevados, sobre todo las primeras, la de batalla o distancia entre ejes de 1,22 m. Hace cuatro años en una subasta se pagó por un Baby nada menos que 90.000 dólares.

Pero noventa y cuatro años después Bugatti ha decidido resucitar este mito. Su construcción se ha encargado al especialista The Little Car Company, fabricante de réplicas de automóviles para niños , como la del Aston Martin DB5.

Así en 2021 tenemos el Baby II, destinado a niños y no tan niños. Y es que está realizado a una escala más generosa que el de 1927 (es un Type 35 a escala ¾ en lugar de ½) de ahí que permita a dos adultos, si bien apretados y siempre que sean delgados, instalarse a bordo (si es que logran que les deje el niño…). El motor también es eléctrico, pero ahora va alimentado por una moderna batería de ion litio que le permite hasta 25 kilómetros de autonomía. Hay tres modos de conducción disponibles. Uno que limita la potencia a 1 kW, y a 20 km/h la velocidad punta. Con el segundo modo disponemos de 4 kW y se puede alcanzar hasta 45 km/h. Finalmente se puede accionar la Speed Key para disponer de 10 kW de potencia y alcanzar los 70 km/h ((al estilo del Bugatti Chirón de papá, cuando quiere llegar a 400 km/h…). Y todo esto, lo del Baby II, entre 30.000 y 60.000 euros: los sueños en Bugatti se pueden hacer realidad, pero, ayer y hoy, salen caros.

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